No puedo dejar de pensar en ellos.
Los vemos morir de a uno.
Presenciamos sus muertes, su lenta agonía,
la destrucción de sus cuerpos,
su deterioro progresivo e irremediable.
Los borrachos, siempre, los borrachos.
Van y vienen de la calle al hospital
de allí se escapan y si no, los echan.
Los echamos como los echan de sus familias
de sus trabajos
de los bares
de la vida.
Nos cansamos de sus mentiras, de sus promesas
de sus intentos,
de sus fracasos.
Nos cansamos de nuestros borrachos y de nuestros locos
de sus preguntas
de sus palabras
de sus miradas y de sus pedidos,
nos cansamos de ellos,
y los echamos.
Pero ellos siempre vuelven.
Intentando volver hasta que se mueren
escapan con su locura y su vino
de nosotros y nuestra incomprensión
de nuestro hartazgo.
Intentando echarlos, echándolos,
echamos con ellos pedazos nuestros,
pedazos de pena, de ternura
de compasión,
de amor.
Quedamos lastimados, mutilados
nos faltan partes
pero nos remendamos.
Tapamos esos pedazos que nos faltan, que nos hacen falta
con pedacitos de indiferencia
de ironía, de desprecio,
y así nos endurecemos
nos vemos endurecer unos a otros.
Ellos nos ven duros, nos tocan esos parches
y nos sienten fríos
nos ven remendados,
pero nosotros seguimos echando partes de nuestra sociedad
y de nosotros.
Hasta cuándo?
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1 comentario:
Muy bueno el escrito, que no es verso, no es poesia, pero cuanta razon en lo dicho!, te felicito por el blog, lo encontre hoy y recien empiezo a leerlo, me parece sumamente interesante, yo tambien soy de rio grande y conozco la problematica...que ademas ahora se extendio a los jovenes, motivo por el cual preocupa mucho mas. bueno un beso y felicitaciones y gracias por tu esfuerzo concreto para que esta sociedad tan alejada, tan sola sea un poco mejor.
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